En ocasiones especiales, regalar un jamón ibérico de bellota es un autentico acierto, pero muchas veces nos hacemos con más de uno en nuestra casa y no sabemos cómo conservarlo para que mantenga su calidad y sabor intactos.

Cuando el consumo es antes de los 15 días desde que lo has obtenido, podrás dejarlo con el papel, saco o caja que lo contenía, ya que no perderá ninguna de sus cualidades.  Si el consumo se va a alargar hasta después de 15 días, se debe colgar sin ninguno de los envoltorios con los que pudiese venir. Es importante que se cuelgue en un lugar que no tenga una temperatura superior a los 20-22 grados, ligeramente ventilada y con poca humedad. Si, por el contrario, el jamón se cuelga en una zona donde el ambiente tiene mucha humedad, es probable que le aparezca un poco de moho. Si ocurriera, se quita sin problema con un paño húmedo.

Los jamones abiertos no tienen fecha de caducidad, pero el corte se va secando. Después de cuatro horas de haberlo cortado, comienza a secarse por la zona del corte. Para solucionarlo, es aconsejable evitar que le dé el sol, el aire y que haya una temperatura superior a los 25 grados.

Cuando se comienza la pieza se deben retirar un par de lonchas de la grasa para posteriormente ponerlas en la zona del corte. Esto le proporcionará humedad a la carne y evitará que se seque. Se debe, además, tapar con un film y un trapo de algodón para evitar que le dé la luz. Es importante cortar habitualmente unas lonchas, porque pasada una semana es probable que aparezca moho superficial. Lo único que se debe hacer, en ese caso, es retirar la primera loncha que contiene el moho y se puede seguir disfrutando del jamón ibérico de bellota.

Si vas a tardar mucho en consumirlo, una de las opciones es lonchearlo al completo y guardarlo en sobres al vacío, así solo se consumirá una parte y se evitará que se seque el resto. Al tenerlo en lonchas y al vacío, se suele meter en la nevera, pero es bueno que cuando se vaya a consumir se saque unas horas antes para disfrutar de su sabor al máximo.

El verano es la época en la que el calor acecha, y es importante tener en cuenta que con el calor, el jamón suda más y pierde más grasa, por lo que se secará y oxidará mucho más rápido que en otro momento. Por ello, es bueno dejarlo en una zona que no tenga una fuente de calor directa, lejos de electrodomésticos y de ventanas, que esté cubierto con un paño y que se corten unas lonchas cada día para evitar que se seque.

Estos trucos ayudarán a que tu jamón ibérico se mantenga en perfecto estado y puedas seguir degustando su auténtico sabor.